El amor y la música

Decidió recluirse sin más compañía que uno de los libros de Harry Potter y la discografía completa de Céline Dion – bueno, casi completa -. Pobre Sofhie. Desde la pequeña ventana de su cuarto apenas ve los amaneceres de Montreal. Incluso no abre las cortinas a propósito, en un intento manifiesto por cobijarse bajo una oscuridad tranquilizadora. Come poco, lo suficiente para no caer enferma.

El amor todo lo puede estropear. Sumida en un dolor profundo e impenetrable para seres de otra especie, incapaces de comprender el compungido ulular de un alma muerta, Sofhie se declara la persona más infeliz de la tierra.

Armand destrozó su corazón la mañana en que tomó el vuelo hacia Vancouver. Ella lo supo de inmediato; él apenas deslizó un tímido adiós.

¿Cómo salir de un agujero tramposo, meticuloso en artimañas, ciego de piedad? La angustia tomó el cuerpo de Sophie, la acorraló, humedeció sus recuerdos hermosos con pestilentes fragancias de fracaso. Sofhie sólo atinó a leer a Potter, como una autómata; y a escuchar a su cantante preferida. Una y otra vez, hasta embotar sus sentidos. No importaba. Cada palabra suave, cada entonación dulce, acaramelada de Dion, le sugería más dosis hasta caer presa de una adicción peligrosa.

Para colmo el libro no ayudaba con las sobre exposiciones empalagosas de la cantante. Al contrario, estimulaba su parte más pueril, ese compartimiento oculto de Sophie (y de toda la humanidad).

Una semana atrás, Armand tocaba suelo de Vancouver. Mala bienvenida: habían extraviado su equipaje. Hubo peores noticias: en su maleta perdida iba “Incognito”, disco de Céline Dion y, a la vez, favorito de Sofhie. Armand ni siquiera pudo decirle la verdad cuando intercambiaron monosílabos telefónicos. Ella lo sabía.

Hace una semana que no sale de su habitación. Duele perder un amor. Hay cosas que duelen más.

Dani Ditenco

……………………………………………………………………………………………………………………

Deja un comentario