La camiseta exiliada

Lluís Borrell emigró de Badalona muy joven. Un amor iluminó sus días y detrás de su sol personal, huyó hacia Valencia. No sólo dejó sus afectos a unos cuantos kilómetros de distancia sino que hubo de soportar el peor de los castigos: no ver a su F. C. Barcelona en el Camp Nou. Dolores irremediables ¿quién puede juzgarlo?

El caso es que Lluís supo encontrar en la paella valenciana y en el carácter extrovertido de los naturales de su nueva tierra, motivos suficientes para distraer sus pesares. Tanto simpatizó con las costumbres valencianas que hasta se hizo un lugar para ir seguido al estadio de Mestalla. Sí: no olvidaba sus colores futbolísticos, pero esto no le impedía disfrutar de ver jugar al Valencia C. F. En definitiva, amaba el fútbol.

Pero las historias no suelen ser siempre felices. Lluís dejó Valencia sin dar explicaciones, de un día para el otro, sin motivo aparente.

Su novia ha sido una tumba desde entonces. Nadie ha podido sacarle palabra alguna. Quizás la vergüenza actuase como impedimento. Cierto es que ella jamás emitió siquiera un justificante por el abandono al que fue sometida. En cambio, quien relata este suceso, sí puede describir qué detonó el exilio de Borrell.

Viendo seguido al Valencia C. F., Lluís comenzó a maravillarse con un delantero que hizo las delicias de la afición “che”. Tanto lo sedujo su juego, su velocidad y sus goles, que en poco tiempo se declaró fanático del mismo. Al punto de ir a ver los entrenamientos del equipo infinidades de veces hasta lograr su objetivo: la camiseta del astro. Ardua tarea que tuvo su recompensa. Una tarde, a la salida de una práctica, pudo cruzar unas palabras con el jugador. De inmediato consiguió el ansiado premio: camiseta autografiada.

Las últimas palabras de Lluís Borrell en tierras valencianas fueron estas: “Gracias Piojo, por tanto fútbol. Te lo dice un fanático del Barça, que sufrió mucho tus goles pero que no ha hecho más que admirarte”.

Claudio “el piojo” López lo vio partir sin saber nunca que había declarado el exilio de un hombre.

¿Traición, desamor, pena, cobardía, mal gusto futbolístico? Lluís Borrell simplemente se fue. ¿Quién puede juzgarlo?

Dani Ditenco

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