La casa

“…un compadre típico, flaco y ajustado, que sólo sonreía con los ojos y eso en ocasiones excepcionales, y que no se quitaba el sombrero jamás, pues su saludo consistía en echarse el sombrero hacia la nuca. Era buen mozo a su manera; se planchaba sobre la oreja izquierda el pelo lacio, negro, y poseía unas buenas manos de haragán, de guitarrero y de acariciador cuyas uñas alargadas en los meñiques se orlaban de agresivo luto.”

La casa
Manuel Mujica Láinez

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