Elvis Vive

Su Guayaquil natal y sus padres así lo bautizaron: Elvis Vive, hijo de Galo Vive y Alexandra Rodríguez.

Desde muy pequeño, Elvis mostró probadas aptitudes para la música. Digo más: con sólo seis años tocaba la guitarra y no lo hacía mal. Además, poseía una voz muy potente y, para más datos, dotes artísticas bien notorias.

Cuando cumplió trece ya destacaba por su poder en los escenarios –escolares por ese entonces-. Cantaba acompañado de su guitarra y con unos movimientos corporales impresionantes. Era pura energía arrolladora.

La fórmula vino a completarse con apenas dieciséis años sobre sus hombros. A la voz poderosa, el baile frenético y la ejecución rabiosa de su guitarra (ya eléctrica) aderezó con la autoría propia de un repertorio de rock que estremecía. De ahí al estrellato poco quedaba.

Nada entorpeció su ascendente carrera. Con veinte años ya contaba con tres discos grabados y unas centenas de miles de copias vendidas.

Si bien la fama, el dinero, las ventas y los discos iban en fenomenal escala ascendente, Elvis nunca fue cobijado por la crítica musical. Es cierto, todo en la vida no puede lograrse. Para ilustrar esta idea, paso a citarles algunos conceptos vertidos por afamados periodistas acerca de nuestro personaje en cuestión.

Robert Lara (redactor que basó su prestigio en denostar a cuanto nuevo cantante surgía) dijo de Elvis: “Si bien este joven pone empeño sobre el escenario, canta y toca la guitarra aceptablemente y compone de manera correcta, nadie puede negar que su meteórica carrera siempre estuvo influenciada por el fantasma de su nombre. Si se llamara Juan Vive, nadie se acordaría de él.”

No fue más benigno el comentario de Ramiro John Gómez (crítico cizañero si los hay entre toda la especie): “Vive es un marcado ejemplo de la ineptitud auditiva de la inmensa masa juvenil que dice escuchar música. Este hombre sólo ostenta llevar un nombre que hace juego con su apellido. En cuanto a su obra, dista bastante de semejarse a lo que llamaríamos talento.”

Continuar con otras palabras vertidas sobre Elvis sería un ejercicio por lo menos de mal gusto. Hay que reconocer que la gente que lo ha criticado con rudeza no deja de tener una visión despojada de emotividad. Quizás la crítica deba cumplir con ese requisito indispensable, que nos salvaguarde de todo intento por hacer alabanzas gratuitas provenientes de profundos e inexplicables sentimientos.

Ahora bien, yo sigo escuchando los discos de Elvis y sigo pensando, que de no haberse apellidado Vive, su música sería igual de valorada. Me acusarán de sordera musical incurable o de tendencia a la emoción fácil. Contestaré que Elvis vive más allá de su nombre.

Dani Ditenco

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