Víctimas de Tangalanga

Entrevista a Diego Recalde, responsable de un documental que aborda una mirada distinta sobre el fenómeno del Doctor Tangalanga

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Hablar del Doctor Tangalanga, para quien transita entre los treinta y los cuarenta y cinco años, implica mezclar en una suerte de collage imaginario, un cúmulo de sensaciones tan diversas como ineludibles que oscilan entre la más extrema y absurda de las diversiones con cuantiosas carcajadas incluidas y, por qué no, en el rincón opuesto y más lejano, la lástima y la compasión. Nada más representativo sobre estos últimos dos aspectos que sus llamadas “víctimas”, aquellos que del otro lado de la línea (con el tubo de ENTel sobre la oreja), sufrían, se indignaban y, sobre todo, puteaban ante cada uno de los impiadosos ataques del genio.
Por obra y gracia de alguna energía extra mundana, en 2016 se estrenarán dos films cinematográficos que traerán su figura de nuevo a la consideración del gran público. Uno de ellos, de carácter documental, pone precisamente bajo la lupa algo de la vida de los otros grandes protagonistas del fenómeno Tangalanga, esa enorme galería de actores sociales que incluía desde tarotistas y videntes hasta profesionales y famosos, pasando por mecánicos, comerciantes, artistas frustrados e incluso personajes sombríos del bajo mundo. Todos aportaron el otro cincuenta por ciento de un suceso sin precedentes que en los ochenta se propagó de boca en boca o de casete en casete.
En diálogo exclusivo con Razones, el Director Diego Recalde nos adelanta algunas sorpresas de Víctimas de Tangalanga, su flamante largometraje, a poco de su estreno y nos advierte, de antemano, que la forma en la que oímos los llamados del Doctor puede llegar a cambiar para siempre.
¿Cuándo comenzó el proyecto de la película y cuáles fueron las principales dificultades con las que te topaste?
Comenzó hace cinco años, cuando decidí pasar a la acción y salir a buscar a las víctimas. La mayor dificultad con la que me topé es que disponía de muy pocas pistas. Un nombre, un apellido, una calle que aparecía mencionada en los casetes. Porque en los casetes aparecen muy pocos datos. Pero esos pocos datos, paradójicamente, hicieron más fascinante la pesquisa.
¿Llegaste a plantearle a Julio (Tangalanga) la idea de la película? ¿Cuál fue su opinión?
Lo llamé a su casa pero ya estaba muy mal de salud. De hecho a los pocos días falleció. En rigor, su vida a mí no me interesaba porque en realidad la película siempre puso la lupa sobre las víctimas. Pero tenía la pretensión de que el Doctor apareciera al final de la película diciendo a cámara “este documental es una mierda”. Lamentablemente, no pudo ser…
Trascendió que una de las nietas de Tangalanga se entusiasmó mucho con el proyecto. En general, ¿cuál fue la reacción de la familia? ¿Aportaron datos y material a la película?
Ni bien empecé a salir a buscar víctimas, por esos caprichos hermosos que tiene el azar, me topé con una de sus nietas: Julieta. Y fue un gran aporte. No sólo porque me pasó muchas fotos del Doctor sino porque le aportó al documental una mirada que no tenía: la mirada femenina, mejorándolo notablemente. Tangalanga empezó como un fenómeno netamente masculino. Tal vez porque los hombres somos más perversos y solemos reírnos del sufrimiento ajeno. En eso la mujer es distinta: se solidariza. Y eso hizo que encarara el documental con una profundidad que no sé si originariamente tenía. Respecto al resto de la familia, no tuve ningún tipo de contacto. Sé por Juli que la idea de alguien buscando a los que estaban del otro lado del teléfono les pareció interesante. Pero eso es todo lo que sé.
Más allá de conocer a las víctimas, ¿qué aspectos novedosos del fenómeno tangalangano puede revelar la película?
Puede que haya un antes y un después y cambie para siempre nuestra forma de escuchar los llamados del Doctor.
¿Pudiste dar con alguna “víctima” que a priori pensabas que era imposible ubicar? ¿Alguna mostró resistencia o manifestó un rechazo total al proyecto?
Sí, había una en particular que pensé que estaba muerta. Pero el azar volvió a sorprenderme. Sigue viva y con 97 años. Fue una de las notas más hermosas que hice en toda mi vida. Después, tuve víctimas que no querían hablar pero gracias a mi poder de persuasión (risas) los convencí de lo contrario.
En una nota reciente distinguías tres momentos de la historia de los llamados: los primeros para alegrar a su amigo postrado, los “surrealistas” de los ochenta y aquellos efectuados cuando Tangalanga ya era conocido masivamente. ¿Sobre las víctimas de cuál de éstos períodos se centra la película?
La película viene en tres partes. La primera apunta a las víctimas de los ochenta: el período surrealista. La segunda apunta a las víctimas de los noventa: los llamados en vivo. Y la tercera apunta a los sesenta: porque aparece la familia de su amigo postrado.

Diego Recalde

En relación a la pregunta anterior, ¿cuál de éstas etapas te parece la más interesante y cual la más pobre?
La etapa más gloriosa es la de los ochenta, sin duda, donde llamaba desde la clandestinidad y la gran protagonista era la historia, no la puteada. La etapa final, la de los llamados en vivos, para mí no tiene la misma magia.
¿Qué opinión te merece la otra película, pronta a estrenarse, El Método Tangalanga? En caso de que existan, ¿cuáles son las ventajas de trabajar en formato documental para abordar a este tipo de personajes públicos?
Sé que El Método Tangalanga es una ficción que retrata la vida de Tangalanga. Lo mío es lo opuesto. Me centro en la víctima y es un documental.
Alguna vez Tabaré, en el prólogo de uno de los libros del Doctor editados a principios de los noventa, categorizaba a los argentinos, en función de su capacidad de reacción ante una agresión, como “halcones” o “palomas”. ¿Considerás que las víctimas de Tangalanga eran en general sumisas o por el contrario muy irascibles?
Depende de la víctima. El argentino, sobre todo el porteño, suele ser más calentón y puteador. No estoy en condiciones de establecer categorías sociológicas respecto a cómo es el uruguayo, el mexicano o el chileno a la hora de reaccionar, pero una vez me contó el representante, que estuvo con él en las distintas giras que Tangalanga hizo, que el chileno es muy sumiso, el mexicano muy crédulo y el uruguayo reacciona con la ley mandándote al instante una carta documento, si te encuentra.
Como fan: ¿cuáles fueron los llamados de Tangalanga que de adolescente más te gustaban? ¿Cuáles de sus frases son tus preferidas?
El llamado a la tarotista, hoy conocido en la web como mi Tía Esther. La tarotista es por lejos mi víctima favorita. De hecho, hay frases de ese llamado que en su momento usé y mucho a modo de idioma para comunicarme con mis amigos tarufettistas (1). Por ejemplo, cada vez que a alguno le pasaba algo malo, usábamos una frase que aparece en el llamado y que dice así: “le metieron la vela encendida por el ano”. Entonces, cuando alguno de nosotros decía que le habían metido una vela encendida por el ano, estaba todo más que claro. Había pasado algo terrible.
¿Creés que el método de bromas telefónicas hubiese funcionado en esta era de conexión permanente a internet, aplicaciones, redes sociales y viralización o sólo era viable en el contexto de los años ochenta?
Este formato hoy es inviable. Sólo era viable en los años ochenta. Época en la que no existía el INADI, ni el identificador de llamadas, ni la paranoia colectiva que hace que la persona que está del otro lado del teléfono hoy enseguida te corte por temor a revelarte algún dato personal.
¿Considerás que su exposición pública a partir de los noventa atentó contra el proyecto inicial de las bromas telefónicas?
Una víctima me dijo que Tangalanga se equivocó al mostrarse, porque perdió la magia, y creo que tiene razón. También es cierto que al mostrarse pudo recibir en vida el reconocimiento que se merecía. Algo que siempre resulta muy valioso. Sobre todo para quien lo busca.
¿Tangalanga ocupa en la cultura popular argentina el lugar que se merece?
Ocupa un lugar destacado pero si analizamos su obra, ese lugar debería ser mayor. Tangalanga es uno de los productos más originales que ha dado la Argentina. En lo suyo, está al nivel de un Borges, de un Piazzola…
¿Por qué es importante conocer a Tangalanga? ¿Por qué es importante ver la película?
Porque soy fanático de las relecturas. Me parece interesarte pensar la realidad desde otros ángulos. Me gusta la mirada panorámica. Tengo la sospecha de que quienes vean la película, cada vez que vuelvan a escuchar las llamadas del Doctor, la van a escuchar desde otro lugar.

Por Luciano Deraco

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Nota de la redacción
(1) Raúl Taruffeti es otro de los nombres ficticios que Julio Victorio de Rissio (el Doctor Tangalanga) utilizaba para sus bromas telefónicas.

Sobre el Director
Diego Recalde es actor, escritor, músico y guionista. Participó en algunos de los programas de televisión más populares de la Argentina como Videomatch, Caiga quien Caiga, Televisión Registrada y Duro de Domar. Víctimas de Tangalanga es su sexto trabajo como Director Cinematográfico.

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