La isla siniestra (Martin Scorsese)

“No me gusta que el mundo deba oír estas canciones tan tristes”. Gustav Mahler

Gone, baby gone, Mistic River y Shutter Island son tres novelas del estadounidense Denis Lehane que, después de ser best sellers en formato libro, alcanzaron la versión cinematográfica.

La larga y prolífica trayectoria de Scorsese hace que tenga tres tipos de fans: los incondicionales, los que vieron sus películas hasta Cabo de Miedo y los que lo siguieron de allí en más. No soy fundamentalista y fui mutando de posición a lo largo de los años. No pretendo que Scorsese vuelva a filmar Taxi Driver porque sería un despropósito. Creo que se permitió crecer al mismo tiempo que se desarrollaba la tecnología y el cine iba encontrando nuevas formas de narrar.

La Isla Siniestra es otro filme producto de la asociación artística Scorsese – DiCaprio de la que surgieron obras como: Pandillas de Nueva York, Los Infiltrados y El Aviador. Narra la historia de un marshall que es designado, junto a un compañero, para investigar la desaparición de una mujer en un neuropsiquátrico para delincuentes situado en una isla en New England.

Comienza con las náuseas del protagonista durante el viaje en ferry hasta esa isla. Los signos que va desperdigando en el comienzo parecen ser los tics de una película de terror. Un cartel en la entrada que dice: Recuérdanos porque también hemos vivido, amado y reído. Una de las mujeres del patio le hace el típico gesto de silencio al marshall y eso parece indicar que todo lo que suceda dentro de la isla debe morir allí.

Scorsese apela al recurso del flashback para contar lo que fue la vida de Teddy Daniels antes de su llegada al lugar. Así nos introduce en su vida de pareja y en su pasado como soldado durante la Segunda Guerra. En una de sus primeras conversaciones con el director del establecimiento, el marshall se empeña en dejar claro que ser un hombre de la violencia es diferente a ser un hombre violento.

La paciente desaparecida es sólo una mínima porción de la historia. Un pequeño misterio de cuarto cerrado. La mujer parece haberse esfumado sin que nadie tuviera percepción de ello. Deja un papel escrito del que arrastramos la frase: ¿Who is 67? En alusión a otro paciente faltante que es ignorado por la institución.

Muy pronto la mujer aparece y a uno lo asombra que, el que parecía ser el núcleo central de la historia, se mueva de lugar. De a poco, los flashbacks a los que hice alusión empiezan a mostrar un perfil cada vez más violento del protagonista. Daniels empieza a sentir migrañas y es medicado. De regreso de una de sus excusiones al faro, lugar donde son confinados en celdas individuales los presos de máxima peligrosidad, su ropa está tan mojada que le dan, para vestirse, el uniforme que usan los internos. Incluso, por su cansancio y su estado, pasa la noche con ellos.

De ahí en más el relato se transforma en un thriller psicológico agobiante, gótico, opresivo en el que se van desperdigando pistas que pueden ser útiles para cualquier escena que acontezca desde allí hasta el desenlace. Un desenlace complejo. Scorsese nos lleva a recorrer tres finales posibles en unos cuarenta minutos. Por fortuna, la fotografía es maravillosa, las escenas están muy bien concatenadas y el ritmo se sostiene a lo largo de toda la película. Si lo hubiera hecho otro cineasta nos preguntaríamos: ¿No será demasiado? Pero es Scorsese y no le sale tan mal.

El guión de Laeta Kalogradis hace hincapié en la locura, en el alcohol, en las pesadillas, en el insomnio, en las alucinaciones, en los fármacos. Deja planteada la disyuntiva: Qué es mejor. ¿Vivir como un monstruo o morir como un hombre decente?

Es un desparramo de excesos, se vuelve barroca de a ratos, desbordante. Pudo haberse elegido una estética más oscura pero, sin embargo, predominan la luz y una fotografía espectacular. Los planos son antológicos y hay imágenes de increíble belleza: cuerpos sumergiéndose en el agua, violetas flotando, la tormenta que hace que los protagonistas queden varados en el lugar.

Muy buena la actuación de Leonardo DiCaprio porque se trata de un personaje complejo que va intensificando el grado de violencia y de enfermedad a lo largo de la película. Estupendas las interpretaciones de Ben Kinglsey y Max von Sidow.

Robbie Robertson propuso un soundtrack diferente: utilizar música sinfónica moderna y algo de sampler. Suenan Cry, de Johnnie Ray, György Ligeti, Krzysztof Penderecki, John Cage, Max Richter, Giacinto Scelsi, Brian Eno, John Adams y Gustav Mahler. El viejo Mahler, paciente de Freud.

Para fanáticos incondicionales de Scorsese y para seguidores del género. Más que prohibida para quienes se revuelven en la butaca cuando la historia tiene más de un punto de inflexión.

“A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas”. HP Lovecraft.

Por Laura Alejandra Bravo
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