Grant Gee: cuando el deseo es el objeto filmado

Que Grant Gee, uno de los mejores documentalistas ingleses vivos, se considere un amateur es un dato accesorio. Casi una nota de color. Lo cierto es que este hombre ha ido filmando casi todo lo que se cruzaba a su paso y que expresaba cierta sintonía con la más fina cultura rocker y literaria de este milenio y fines del milenio pasado. No es un nostálgico, más allá de que algunos de los protagonistas de sus relatos no estén vivos, ha sabido captar la esencia y las implicancias que estos personajes tendrían para las generaciones venideras.

Si bien estudió Geografía, su carrera como realizador audiovisual comenzó a gestar en la ZooTV creada por U2 en los remotos tiempos de Achtung Baby. De allí en más, dirigió videos para Nick Cave, Gorillaz, Coldplay y los exquisitos The Auters. Tal vez el pico de su labor como videasta esté plasmada en No Suprises, cuyo making off cuenta en Meeting People Is Easy, con un Yorke semi asfixiado tratando de soportar el agua de la escafandra en la que transcurre la acción.

Grant Gee ama y desea lo que filma. Ama a Joy Division, ama a Radiohead, ama al escritor W. G. Sebald. No puede dejar de amarlos y eso hace que, de la contemplación sigilosa y cuidada germinen esas películas tan prístinas, tan cercanas, tan confesionales. Y es que, si de algo debe jactarse un documental es de ser confesional, de apartar al objeto de anhelo artístico para acercarlo a un espectador que lo espera desnudo. Tal como Gee se lo ofrece.

A Gee le es fácil la construcción de la intimidad. Y se nota. Es un proceso gradual de aproximación, como de analista y analizado. Las celebridades le van abriendo espacio con lentitud pero sin pausa y esa lentitud marca un ritmo, una cadencia que no es la misma en los diferentes documentales. Hay tiempos únicos para cada uno.

Hay cadáveres en la obra de Gee. Está Ian Curtis, W. G. Sebald y hasta la acusación a viva voz para Radiohead: es música para suicidas. No obstante, esa muerte está atenuada por la ternura, la compasión, la empatía. Y no porque dejen de ser muertes dolorosas sino porque el rescate viene desde lo que produjeron en vida, desde la honda carnadura, terrenalidad y crudeza de los hombres a los que decide perseguir con su cámara.

Trabajó y se vinculó a artistas tan dispares como Scott Walker y John Cale, con la catarata emocional que ese tipo de lazos implican. Sin embargo, parece haberse manejado desde la lente de la cámara. Corriéndose de escena para que esos otros fueran los protagonistas y no él. Él que se considera bueno para su oficio pero no mucho más, él que se corre de la devaluación a la que cree que está sujeta la palabra artista.

REPASEMOS AHORA ALGUNAS DE SUS OBRAS

Joy Division

To be modern is to find ourselves in an environment that promises us adventure, power, joy, growth, transformation of ourselves and the world —and at the same time that threatens to destroy everything we have, everything we know, everything we are. Marshall Berman, All That is Solid Melts Into Air

Con esta cita arranca el film. Un documental que dirá acerca de sí mismo que es el documental sobre una banda pero también sobre una ciudad: Manchester. El film las une, las hace indisolubles. Al recorrido nocturno lo sigue otro, el de la cámara que recorre la reconstrucción de la Manchester de posguerra.

En Diciembre de 1977, Ian que ya es un hombre casado, junto a Deborah solicitan un préstamo que irá a manos de la banda. Construyen una imagen, un sonido que va más allá de los inicios casi tribales y emparentados con sus predecesores, los Buzzcoks, que ya se habían ganado su espacio en Electric Circus.

Desfilan Tony Wilson, quien ya era una celebridad, Peter Saville, el diseñador de las tapas de los discos. Gretton, DJ y manager, con sus notas que hablaban de remeras, dinero y listados de tarea con letra imprenta sobre libreta grande.

Para contar el resto de las experiencias que van hasta el segundo disco, Gee usa montajes entre shows de la banda y Manchester. Hay algo de corrosión pero también impronta, marca, aridez, congelamiento, extrañas maneras de manejar la pasión.

En 1979 el baile se intensifica, Ian se entera de que una chica a la que conoció trabajando en los Servicios Sociales ha muerto de epilepsia. Quizás el gustaba, desliza Sumner y se lo ve a Ian frenético en la BBC2.

Y llega el impacto de Annik Honoré y la gira por Europa junto a Cabaret Voltaire. Saben que están tocando para un público nuevo: gente que estudia, ve cine, lee libros. De pronto están en el mismo lugar que William Burroughs y Ian va con su libro mientras los demás se esconden detrás de una columna y el malhumorado de William lo despide de mala manera.

Previo a la etapa de producción del segundo disco, en enero del 80, el tiempo vuelve hacia atrás. En especial a una noche en la que tocan en Londres para pocas personas y Ian se fastidia. En el camino de regreso, en la camioneta, Ian pelea por un saco de dormir, cuando por fin lo obtiene se abraza a él y se tapa la cara. Pronto empieza a emitir gruñidos como un perro. Lo sacan y lo arrojan en el suelo.

Epilepsia es el diagnóstico e implicaba: no beber, acostarse temprano y nada de luces brillantes. La pregunta surge de todos ¿No era ésa una de las razones por las que formamos la banda? Lo peor de la epilepsia no es la epilepsia en sí sino que irrumpe junto a depresión y cambios de ánimo.

Escribieron Love Will Tears Appart en tres horas. Fue como un estertor gigante. La última respiración descomunal. Por la pantalla pasa el listado de las infinitas versiones y sus rarísimos intérpretes.

Las letras que constituyen Closer, el segundo disco, hablan del encierro la muerte. En ese entonces, Ian leía a Dostoievsky, Sartre, Nietzsche, Hesse. Sentía una fuerte atracción por todo lo que implicara sufrimiento humano.

Al respecto Gee dirá: Sabía que la historia debía ser sobre Manchester. De hecho, Tony Wilson lo dice al comienzo. Amaba la banda, pero sabía que debía serle fiel a la historia en sí. Y la historia no era tan agradable. Y agrega: Era gente con mucho pasado mirando ese pasado con algo de malestar, nadie se sentía bien recordando la muerte de Ian Curtis. Sostiene además que Unknown Pleasures no es deprimente mientras que Closer lo es por definición. Como entorno del rodaje estuvo la enfermedad y muerte de Tony Wilson.

Meeting People is Easy

Trayectoria por la gira de OK Computer que abarca los años ’97 y ’98. Gee conoce a Radiohead el primer día de filmación y eso se nota en la elementalidad de los fotogramas que registrarán este momento. Sesiones fotográficas, notas y la seguidilla de spots para la radio. Todo eso compendiado en una jornada de ocho horas de repetición e inmenso tedio. Los hoteles, la imposibilidad de conocer los lugares y de tener contacto con la gente. Hasta les costaba dar por válida la opinión de los periodistas que les aseguraban que habían hecho el mejor disco de rock de la historia.

Un Yorke casi enfermo por la popularidad, acosado, desbordado, angustiado, incluso con la imposibilidad autista de refugiarse en el seno de su banda. Asegurando que, después de Glastonbury, donde vio a 40 000 personas cantar Creep, nada lo emociona. En paralelo, como licencia del director, las fechas y los estadios se van sucediendo en el calendario de la gira. Implacables, ominosas.

Gee dirá que los Radiohead se acercaron a su estudio a ver el work in progress pero que nunca dijeron que les gustara o disgustara una toma. Lo dejaron hacer sin que él supiera si el producto era bueno o malo.

Quedan en el imaginario las chicas japonesas resistiéndose a los llantos a la despedida y los miembros de la banda calmándolas y prometiéndoles volver en dos años. El mismo Japón abúlico donde, en medio de una prueba de sonido, surgen los acordes de Follow me Around. Instante apasionante si los hay: el del origen de una canción.

Patience (After Sebald)

Blanco y negro granulado para la foto de un escritor. Un viaje arduo, de caminante. Es como si los otros se desplazaran a la par del escritor y ya no se pudiera dejar de andar: gente, edificios, árboles, todo se va moviendo en sentido contrario y obliga a la marcha.

Sebald es judío exiliado, ha elegido vivir en Inglaterra pero no ha olvidado su condición de base y es eso sobre lo que reflexiona en el andar. Empezó a escribir a edad tardía y esto le da un hándicap de sapiencia vital a la hora de sentarse sobre el papel. A todo esto lo sabe Gee pero lo deja flotando y se aferra a la figura del caminante.

En agosto de 1992 Sebald decide viajar a por Suffolk, a pie, para huir del vacío y en esa marcha se topará con sus canales, con sus viejas casonas, con sus caminos. Con todo un condado rico en imágenes visuales para rememorar recorriendo, para ilustrar, para derramar sin inocencia. Sabiendo que el camino andado, el que queda atrás, como la vida misma, también nos acerca unos pasos más a la muerte. Hay frases sueltas en el guión, párrafos que hacen pensar en un diario de migración, viñetas.

Gee afirma que se compenetró con Sebald, que tomó una cámara y se puso a transitar los caminos que Sebald había transitado, vaya uno a saber con qué pensamientos en la cabeza, con qué expectativas. Se abandonó en la enormidad del escenario y filmó. Dejó para después el relato de los que conocieron a Sebald, primero quiso hacer el peregrinaje.

Biografía magistral que es itinerario, trayecto y manifiesto.

Por Laura Alejandra Bravo
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