Germania (Maximiliano Schonfeld)

BAFICI 2012 – Cine Independiente Argentino –

Brenda y Lucas son dos adolescentes que se preparan, junto a su madre, para abandonar el pueblo de Entre Ríos donde viven. Es un pueblo pequeño donde se crían gallinas que, al parecer, son víctimas de una peste.

El pueblo en el que viven Brenda y Lucas es una villa de costumbres cerradas donde todavía se habla en alemán y se preserva una idiosincrasia de antaño.

Brenda tiene una amiga y confidente. Con ella pasea por el campo, recolectan huevos y hacen planes a futuro. Lucas es más parco, más silencioso. Las chicas lo acusan de acudir a prostíbulos pero él nunca desmiente ni se hace cargo de la situación. Tiene un grupo con el que se junta a jugar al fútbol y poco más sabremos de él a menos que nos detengamos en sus expresiones.

De pronto, como sin querer, surge la sospecha de que Brenda esté embarazada. De un guanero que trabaja en los campos. Brenda le quita importancia, de todos modos van a irse.

La vida se devela como demasiado diáfana como para ser abandonada porque sí. El tono, entre anodino y habitual del pueblo donde transcurre el relato, hace pensar en paz, en delicadeza, en tranquilidad. No ocurre lo mismo en las mentes adolescentes donde el desarraigo y la posible maternidad flotan en la serenidad del verde.

Lucas es monaguillo en una iglesia y no encuentra a nadie capaz de reemplazarlo. En su partido de despedida se topa con la chance de nuevos arqueros, monaguillos no.

La madre encarga a un familiar que lleve flores a su difunto esposo y eso parece ser todo lo que deja allí. Ninguna maleta pesa lo suficiente, la casa está intacta y parece que han de partir sólo con las ropas y lo indispensable.

La noche previa hay un baile. Brenda y Lucas bailan juntos. Muy pronto se cansan y Brenda se va. Penetra en la oscuridad en busca del campamento de los guaneros, allí encuentra a su chico, jugando a las cartas. Se sienta con él. Más tarde, ya solos, le hablará del hijo que viene en camino y de su sueño frustrado de cuidarlo juntos. Él parece no entender nada y se la lleva a dormir bajo su manta.

Entretanto, Lucas va a buscar a su hermana y pelea por ella con los peones. Lo golpean sólo un poco. Lo suficiente como para que no moleste y lo dejan tendido a pocos metros de donde duerme la hermana. Por la mañana ambos se levantan y se preparan para marcharse.

El director nos habla del atardecer lento de un período: de la adolescencia que se pierde, de lo que se lleva en el cuerpo y en el espíritu. Es una película de rupturas.

Fantásticas las actuaciones, magnífica la construcción de los hiatos de los que está habitada la película. Los actores no son tales y, sin embargo, logran extraer de ellos una riqueza descomunal y primitiva.

Por Laura Alejandra Bravo
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