Aballay, el hombre sin miedo (Fernando Spiner)

Aballay (Pablo Cedrón) es un gaucho ladrón, jefe de un grupo de bandidos salvajes que se mueven en un paisaje árido donde los cactus, las montañas y los valles hacen las veces de telón de fondo. Tienen el dato de que un cargamento viene hacia ellos y salen a su encuentro. Sin demasiados miramientos matan a toda la guardia y al criollo que viajaba en el carruaje. Aballay hace una inspección final y descubre, bajo la tapa del asiento, al hijo del criollo que acaba de matar. Toda su vida se trastoca en esa mirada.

Pasan los años, Juan Herralde (Nazareno Casero), un muchacho porteño, con habilidad para los retratos llega a La Malaria. Allí, Benavidez tiene como peón a una muchacha muy joven a la que apoda Negro (Moro Anghileri).

En paralelo, Aballay lleva una vida errante y esquiva, su historia será homologada más adelante por el espectador, en la leyenda que un cura apasionado (Gabriel Goity) narra sobre los estilitas, anacoretas que se quedaban en lo alto de una columna sumando privaciones para el perdón de sus pecados. Aquí no hay columnas sino caballos. Los pobladores del lugar lo llaman El Pobre, un santo local que protege a los niños y sana a los enfermos. A la vera del camino se tallan sus imágenes y se le prenden velas.

Cuando Negro es comprada por un hombre de poder (Claudio Rissi), Herralde salta en su defensa e intenta rescatarla, quedando estaqueado en la mitad del campo y semimuerto hasta el amanecer. La muchacha lo socorre y va en busca de su padrino. Dejan a Julián para que El Pobre haga su trabajo. Cuando Aballay lo encuentra, ve el dibujo de la empuñadura de su cuchillo y sabe que lo han descubierto pero no hace nada por huir. Por el contrario, le cura la ceguera con yuyos y lo acompaña a rescatar a Negro, de nuevo en manos de su captor.

Juan Herralde sabe que El Pobre es Aballay y siente angustia ante la inminencia de la muerte, la suya o la del Pobre pero ya nada puede detenerlo.

Fernando Spiner se propuso hacer un western argento basándose en las similitudes que hubo en la vida del poblador del lejano oeste americano y la del gaucho del interior de nuestro país. Explotó la condición de solitario del gaucho y, tal vez, la sujeción a normas que él mismo crea para vivir en armonía con sus pares. Normas que quizás no sean convencionales pero son las que sirven en ese contexto.

El director basó su guión en un cuento de Antonio Di Benedetto. Es una coproducción en la que tienen participación tanto la Provincia de Tucumán como la Universidad de Lomas de Zamora. Obtuvo una merecida mención en el Festival de cine de Mar del Plata.

Las locaciones son extraordinarias. Los planos generales de vegetación seca, tierra cuarteada y precordillera interminable son de una magnificencia irrepetible.

La Marcha de San Lorenzo y la música, entre sacra y local, contribuyen a ambientar la crudeza de lo narrado arrastrándola hacia un desenlace lógico que no deja de ser amargo, peleado y desesperante.

Por Laura Alejandra Bravo
…………………………………………………………………………………………………………..

66 ideas en “Aballay, el hombre sin miedo (Fernando Spiner)

  1. Pingback: Doug
  2. Pingback: richard
  3. Pingback: Julio
  4. Pingback: bill
  5. Pingback: adam
  6. Pingback: herbert
  7. Pingback: Lawrence
  8. Pingback: Dan
  9. Pingback: felix
  10. Pingback: Justin
  11. Pingback: franklin
  12. Pingback: Fredrick
  13. Pingback: charles
  14. Pingback: Brian
  15. Pingback: Dustin
  16. Pingback: ronnie

Deja un comentario