La persistencia de un clásico: A Sangre Fría de Truman Capote

El 30 de septiembre de 1924 Truman Persons nace en New Orleans. Sus padres se pelean y lo abandonan por un tiempo en casa de cuatro ancianos a cuyos relatos y conversaciones él atribuye el gusto por narrar historias. Cuando su madre regresa, lo hace acompañada por un nuevo esposo cubano de quien tomará el apellido.
¿Sus intereses? Los dibujos, el baile, el cine y los libros.
Truman Capote estaba convencido de que cualquier buena historia de la vida real podía trasladarse a la ficción. Ya era un escritor consumado, todavía no era una celebridad pero ya había escrito “Otras voces, otros ámbitos”, “El arpa de hierba”, “Se oyen las musas” y “Desayuno en Tiffany´s”.
Confeso homosexual, periodista reconocido. En 1959 lee una nota periodística acerca del asesinato de la familia Clutter en Holcomb, Kansas. En ese momento trabaja para The New Yorker y le pide al editor permiso para trabajar en el caso. Acompañado por la escritora Harper Lee se traslada hasta el lugar del hecho donde hará sus investigaciones.
A Sangre fría se divide en cuatro partes. La primea se sitúa temporalmente en el día previo al asesinato de los Clutter, cuenta su vida provinciana, su apego religioso, su gusto por las pequeñas formas, la sencillez de sus vidas domésticas, la complejidad de sus vínculos. Granjeros generosos y sociables los Clutter no parecían tener enemigos a la vista. Hurbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter eran parte del entramado de un pueblo chato de los Estados Unidos de Norteamérica de mediados del siglo pasado.
En la segunda parte, Capote nos cuenta en paralelo qué es de la vida de Dick y Perry, los asesinos. Ladrones de poca monta, ex presidiarios, andan tras la quimera de un dato que recibieron en la cárcel. Un ex empleado de los Clutter los describe a la perfección y añade además un detalle: tiene una caja fuerte en su escritorio. Es así como dos personajes con tantos puntos de encuentro como diferencias emprenden la aventura de llegar hasta la granja de Holcomb.
En la tercera parte, Floyd Wells, a instancias de su confesor admite haber sido quien dio el dato para consumar la masacre y la policía sale tras ellos. Un viaje a México, la insatisfacción, la imposibilidad de conseguir más dinero trae a Dick y a Perry de vuelta a la ciudad donde serán detenidos.
En la cuarta parte se relata el proceso y la condena a la horca. La psicología de los personajes, ya expuesta en los capítulos anteriores es sometida a una vivisección espectacular. El proceso se dilata pero los acusados son llevados, por fin, a la horca en 1966.
Capote llega a Kansas cuando todavía se desconocía la identidad de los asesinos y se gana la confianza de policías e investigadores. Logra entrometerse dentro de un contexto conservador y obtiene los datos para su historia. En el camino lo acusarán de manipulador, de entrometido, pero su cuaderno de anotaciones va creciendo. Se nutre de detalles de tics, de pequeñas acciones, de datos ínfimos que tendrán una trascendencia crucial.
Va a entrevistar a los asesinos a la cárcel, se hace amigo de ellos. Empatiza o finge empatizar con los estilos y los modos de vida de sus personajes. Los desnuda y no se queda con nada en el tintero. Gracias a él sabemos de sus complejos, de sus relaciones con las mujeres, de su cosmovisión. La muerte próxima de los asesinos le llega a provocar ansiedad y hasta ciertos síntomas de depresión.
El estilo con el que está escrito “A Sangre Fría” carece de la frialdad con la que cierta non fiction novel se escribe en la actualidad. No carece de descripciones, de imágenes, de dosificados y oportunos recursos literarios.
“Se internaron hacia el norte de la hacienda hasta llegar a un lugar llano y pleno de un color único: el amarillo resplandeciente y leonado del rastrojo del trigo en noviembre.”
Todo el tiempo otro omnisciente, nos va contando la evolución del caso. Alguien dijo por ahí que el verdadero juego está en hacer crecer el morbo en el lector. Entonces, padeceremos también del morbo por la belleza porque la prosa es riquísima y el estilo le imprime velocidad y gracia. Hasta la violencia está dosificada y uno termina comprendiendo a todos, a los muertos, a los vivos, a los que reptan en el medio.
Los biógrafos de Capote dicen que fue en esta época en la que empezaron sus problemas con las drogas y el alcohol. Lo cierto es que, una vez editada su novela le valdría trescientos mil ejemplares vendidos y treinta y siete semanas en la lista de best Sellers del New York Time.
En “Música para camaleones” diría acerca de sí mismo: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.” Casi al final de su carrera, en una conferencia en Harvard recitaría: “Soy Truman Capote, soy alcohólico, soy homosexual y estoy liquidado”. La concurrencia aplaudió de pie.
A Sangre Fría fue llevada al cine por Richard Brooks en 1967.
Dos películas recorren la experiencia de Capote en busca de su novela. Una es “Capote” (Bennett Miller, 2005), protagonizada por Philip Seymour Hoffman y la otra es “Infamous” (Douglas McGrath, 2006).
Me quedo con la brillante actuación de Hoffman.

El libro supera la categoría de clásico: inicia un género.

Por Laura Alejandra Bravo
…………………………………………………………………………………………………………..

63 ideas en “La persistencia de un clásico: A Sangre Fría de Truman Capote

  1. Pingback: Dana
  2. Pingback: Daniel
  3. Pingback: Brandon
  4. Pingback: richard
  5. Pingback: todd
  6. Pingback: Byron
  7. Pingback: elmer
  8. Pingback: Danny
  9. Pingback: Ernest
  10. Pingback: randy
  11. Pingback: allen
  12. Pingback: harry
  13. Pingback: rex

Deja un comentario