J. R. R. Tolkien: El Señor de los relatos

«Tres anillos para los reyes elfos bajo el cielo.
Siete para los señores enanos en casas de piedra.
Nueve para los hombres mortales condenados a morir.
Uno para el Señor oscuro, sobre el trono oscuro
en la tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras».

< John Ronald Reuel Tolkien nació en Sudáfrica en 1892 y murió en el Reino Unido en 1973. Británico, aunque su origen sea sudafricano, es mundialmente reconocido como el principal exponente de la épica fantástica contemporánea. Filólogo, estudioso del medioevo anglosajón, logró crear un lenguaje, un espacio y un tiempo donde se desarrollan sus fabulosas y grandilocuentes historias. La muerte de su padre, en Sudáfrica, marca el punto de inflexión tras el cual la familia decide trasladarse a Inglaterra. Se instalan en Sarehole, en los alrededores de Birmingham, área rural. Tolkien estudia en Oxford donde se gradúa con honores y dedica su tiempo libre a la lectura de leyendas nórdicas. En 1916, contrae matrimonio con Edith Bratt. Ronald embarca a Francia para participar de la Primera Guerra Mundial. Sobrevive a la batalla de Somme y vuelve a Inglaterra a causa de la "fiebre de las trincheras". Ya recuperado, inicia su derrotero académico. Su carrera como profesor reconoce como primer jalón a la Universidad de Leeds. A posteriori enseñaría lengua y literatura anglosajona en la Universidad de Oxford. Constructor de un Universo, con sus normas, sus seres y sus ritos, Tolkien ideó tanto significantes como significados para el mundo que nombraba. El alfabeto tolkeniano, tallado en runas, es una curiosidad, un divertimento y un objeto de análisis lingüístico para fans y especialistas. No sólo eso, sino que sus personajes manejan la dialéctica épica como si hubieran sido arrancados de un castillo de la vieja Inglaterra. Tolkien escribió numerosos ensayos, narraciones cercanas a la mitopoética finesa y tres obras esenciales que repasaré, con la irrespetuosidad de lo breve, en los siguientes párrafos. En 1930 Tolkien comienza a escribir El Hobbit, novela que narra las aventuras de Bilbo Bolsón, un hobbit. Los hobbits eran pequeños seres hogareños, amantes de su aldea y reacios a la aventura. El punto más alto, que decide el destino de la prosa tolkeniana, es el encuentro de Bilbo con un anillo que tiene el extraordinario poder de hacerlo desaparecer. Por si el efecto no alcanzara, transforma a su eventual poseedor en un avaro y celoso amante de la presea. Con el anillo puesto, Bilbo se atreverá a las acciones más temerarias que cualquier hobitt haya ejecutado con antelación. En 1949, 1954 y 1955 se publican los tres tomos de El Señor de los Anillos. Es un trabajo descomunal donde Tolkien despliega sus artes de narrador y de filólogo. La historia sucede en la Tercera Edad del Sol, en la Tierra Media. A Frodo Bolsón, un hobbit, le es encomendada la tarea de destruir el anillo con que se topó Bilbo. Es la simiente de la ambición del poder desmedido. Se publicó en tres partes por una decisión editorial dado que son seis libros. La casa editora consideró que era el formato más viable desde una perspectiva comercial. A gigantescos rasgos, se trata de la lucha de nueve razas o culturas conocedoras de la potencialidad devastadora del anillo que se unen ante la necesidad de destruirlo. En la epopeya se cruzan hombres, enanos, orcos, trolls, el Gollum y las más maravillosas criaturas jamás concebidas. Algunos mortales, otros inmortales, todos con diferentes fortalezas y puntos débiles concluyen en el mayor relato épico escrito en el siglo XX. Fuera del contexto y el conteo de nuestra historia vivirán las más espectaculares y casi inefables aventuras al enfrentarse al temible Saurón. El Silmarillion es una recopilación de textos editada y publicada póstumamente por Christopher Tolkien, su tercer hijo. Da cuenta del origen de la cosmogonía de Tolkien. Los Silmarils, joyas creadas durante los Años de los Árboles por Noldo Feanor son el evanescente hilo conductor de esta narración. Deben su belleza a la luz de dos árboles de Valinor. Texto de genealogías y orígenes, puede ser tomado como marco de lectura de la obra tolkeniana concebida como totalidad. En 1968 los Tolkien se mudan a Lakeside Road. En 1971 fallece la esposa. Un año más tarde Tolkien vuelve a Oxford donde la Universidad le concede un título honorario en letras. Muere en 1973. Está sepultado en el cementerio de Wolvercote en Oxford. Tras su muerte se publican, entre otre otros: Cuentos Inconclusos, Historia de la Tierra Media (doce tomos publicados entre 1983 y 1996), Los Hijos de Húrin, Roverandom, La leyenda de Sigurd y Gudrún, etc. Llegó al cine, es objeto de culto de millares de seguidores, sus personajes se venden como miniaturas en las comiquerías y protagonizan juegos de rol. La sociedad tolkeniana sigue en pie y tiene sedes en decenas de países. Por Laura Alejandra Bravo

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La persistencia de un clásico: A Sangre Fría de Truman Capote

El 30 de septiembre de 1924 Truman Persons nace en New Orleans. Sus padres se pelean y lo abandonan por un tiempo en casa de cuatro ancianos a cuyos relatos y conversaciones él atribuye el gusto por narrar historias. Cuando su madre regresa, lo hace acompañada por un nuevo esposo cubano de quien tomará el apellido.
¿Sus intereses? Los dibujos, el baile, el cine y los libros.
Truman Capote estaba convencido de que cualquier buena historia de la vida real podía trasladarse a la ficción. Ya era un escritor consumado, todavía no era una celebridad pero ya había escrito “Otras voces, otros ámbitos”, “El arpa de hierba”, “Se oyen las musas” y “Desayuno en Tiffany´s”.
Confeso homosexual, periodista reconocido. En 1959 lee una nota periodística acerca del asesinato de la familia Clutter en Holcomb, Kansas. En ese momento trabaja para The New Yorker y le pide al editor permiso para trabajar en el caso. Acompañado por la escritora Harper Lee se traslada hasta el lugar del hecho donde hará sus investigaciones.
A Sangre fría se divide en cuatro partes. La primea se sitúa temporalmente en el día previo al asesinato de los Clutter, cuenta su vida provinciana, su apego religioso, su gusto por las pequeñas formas, la sencillez de sus vidas domésticas, la complejidad de sus vínculos. Granjeros generosos y sociables los Clutter no parecían tener enemigos a la vista. Hurbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter eran parte del entramado de un pueblo chato de los Estados Unidos de Norteamérica de mediados del siglo pasado.
En la segunda parte, Capote nos cuenta en paralelo qué es de la vida de Dick y Perry, los asesinos. Ladrones de poca monta, ex presidiarios, andan tras la quimera de un dato que recibieron en la cárcel. Un ex empleado de los Clutter los describe a la perfección y añade además un detalle: tiene una caja fuerte en su escritorio. Es así como dos personajes con tantos puntos de encuentro como diferencias emprenden la aventura de llegar hasta la granja de Holcomb.
En la tercera parte, Floyd Wells, a instancias de su confesor admite haber sido quien dio el dato para consumar la masacre y la policía sale tras ellos. Un viaje a México, la insatisfacción, la imposibilidad de conseguir más dinero trae a Dick y a Perry de vuelta a la ciudad donde serán detenidos.
En la cuarta parte se relata el proceso y la condena a la horca. La psicología de los personajes, ya expuesta en los capítulos anteriores es sometida a una vivisección espectacular. El proceso se dilata pero los acusados son llevados, por fin, a la horca en 1966.
Capote llega a Kansas cuando todavía se desconocía la identidad de los asesinos y se gana la confianza de policías e investigadores. Logra entrometerse dentro de un contexto conservador y obtiene los datos para su historia. En el camino lo acusarán de manipulador, de entrometido, pero su cuaderno de anotaciones va creciendo. Se nutre de detalles de tics, de pequeñas acciones, de datos ínfimos que tendrán una trascendencia crucial.
Va a entrevistar a los asesinos a la cárcel, se hace amigo de ellos. Empatiza o finge empatizar con los estilos y los modos de vida de sus personajes. Los desnuda y no se queda con nada en el tintero. Gracias a él sabemos de sus complejos, de sus relaciones con las mujeres, de su cosmovisión. La muerte próxima de los asesinos le llega a provocar ansiedad y hasta ciertos síntomas de depresión.
El estilo con el que está escrito “A Sangre Fría” carece de la frialdad con la que cierta non fiction novel se escribe en la actualidad. No carece de descripciones, de imágenes, de dosificados y oportunos recursos literarios.
“Se internaron hacia el norte de la hacienda hasta llegar a un lugar llano y pleno de un color único: el amarillo resplandeciente y leonado del rastrojo del trigo en noviembre.”
Todo el tiempo otro omnisciente, nos va contando la evolución del caso. Alguien dijo por ahí que el verdadero juego está en hacer crecer el morbo en el lector. Entonces, padeceremos también del morbo por la belleza porque la prosa es riquísima y el estilo le imprime velocidad y gracia. Hasta la violencia está dosificada y uno termina comprendiendo a todos, a los muertos, a los vivos, a los que reptan en el medio.
Los biógrafos de Capote dicen que fue en esta época en la que empezaron sus problemas con las drogas y el alcohol. Lo cierto es que, una vez editada su novela le valdría trescientos mil ejemplares vendidos y treinta y siete semanas en la lista de best Sellers del New York Time.
En “Música para camaleones” diría acerca de sí mismo: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.” Casi al final de su carrera, en una conferencia en Harvard recitaría: “Soy Truman Capote, soy alcohólico, soy homosexual y estoy liquidado”. La concurrencia aplaudió de pie.
A Sangre Fría fue llevada al cine por Richard Brooks en 1967.
Dos películas recorren la experiencia de Capote en busca de su novela. Una es “Capote” (Bennett Miller, 2005), protagonizada por Philip Seymour Hoffman y la otra es “Infamous” (Douglas McGrath, 2006).
Me quedo con la brillante actuación de Hoffman.

El libro supera la categoría de clásico: inicia un género.

Por Laura Alejandra Bravo
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